Editorial 1. Julio 2026.
Durante más de cinco años La Dolce Bici no llegó a sus lectores. Mientras tanto, el país siguió su curso. Cambiaron las ciudades, cambiaron nuestras formas de movernos y de encontrarnos, y también cambió la manera en que entendemos y habitamos el espacio público. Nosotros también cambiamos. Pero hubo algo que permaneció: miles de personas siguieron eligiendo la bicicleta cada día para ir al trabajo, estudiar, hacer deporte, cuidar a otros, verse con amigos o, simplemente, disfrutar el camino.
Volvemos convencidos de que la bicicleta sigue siendo una de las formas más sencillas y poderosas de construir comunidad. Cada trayecto cotidiano, cada ciclovía, cada taller, cada salida de domingo o cada conversación antes de emprender el camino nos recuerda que las ciudades no se sostienen únicamente por su infraestructura. También se sostienen por los vínculos que somos capaces de construir en ellas. En tiempos donde el costo de la vida sigue aumentando y el espacio público muchas veces parece vivirse con desconfianza, recuperar las calles como lugares de encuentro también es una forma de construirnos.
Y es que hablar de bicicletas nunca ha sido sólo hablar de bicicletas; es hablar de convivencia, de salud, de infraestructura, de justicia territorial y del derecho de todas las personas a desplazarse de manera segura. Hablar de bicicletas es, también, hablar del tipo de ciudad y de sociedad que queremos construir.
No es casualidad, entonces, que esta nueva etapa de La Dolce Bici comience con un especial dedicado a la Nueva Alameda. Más que una obra de infraestructura, este proyecto representa una oportunidad para repensar el principal eje histórico del país desde una perspectiva más humana, donde la bicicleta vuelve a ocupar un lugar protagónico en el corazón de Santiago.
Sin embargo, esa transformación sigue siendo incompleta. La suspensión del tercer tramo de la ciclovía nos recuerda que las ciudades no sólo van cambiando con los grandes anuncios de infraestructura o proyectos emblemáticos, sino también cuando una obra queda inconclusa y miles de personas deben seguir enfrentando interrupciones, incomodidades e inseguridad en sus trayectos.
La infraestructura también habla del tipo de ciudad que decidimos empujar. No es un privilegio ni un lujo contar con una red ciclista continua y segura: es una condición para que más personas puedan elegir la bicicleta sin que esa decisión implique asumir riesgos evitables.
Por eso, cuando hablamos de la suspensión del tercer tramo, no estamos hablando sólo de una ciclovía más o poniendo el énfasis en la polémica porque sí, sino que apuntamos a la justicia territorial, la equidad y la necesidad de construir ciudades pensadas para quienes las habitan.
Ese mismo espíritu recorre el resto de esta edición de relanzamiento. En Yo amo mi bicicleta, María Gracia Omegna comparte una mirada íntima sobre su vínculo con la bicicleta: juega, imagina y sueña, pero también presenta una reflexión lúcida sobre la responsabilidad que tenemos como sociedad de construir una cultura de respeto y sana convivencia. En La bici social, recorremos la CicloRecreoVía Ñuñoa para comprobar que, cuando las calles se abren a las personas, el espacio público recupera su vocación de encuentro y la ciudad se llena de vida. En El taller mecánico, conocemos la historia de Una Velo, un espacio donde la mecánica se convierte en una excusa para aprender, compartir conocimientos y fortalecer la comunidad ciclista. Y, finalmente, en la sección: En bici voy, aceptamos el desafío de subir el cerro San Cristóbal para recordar que, muchas veces, basta cambiar el ritmo para descubrir una ciudad completamente distinta.
Incluso las secciones más prácticas dialogan con esa misma convicción: los consejos para estar preparados para la ruta y pedalear durante el invierno, las herramientas tecnológicas de la bicitech y los aprendizajes básicos de mecánica tienen un propósito común: que cada vez más personas puedan incorporar la bicicleta a su vida cotidiana durante todo el año y hacerlo de manera segura.
En La Dolce Bici creemos que una ciudad se mide por la forma en que permite a sus habitantes encontrarse, desplazarse y disfrutar de sus espacios comunes. Por eso seguiremos celebrando las buenas iniciativas, pero también levantando una mirada crítica cuando las decisiones públicas limiten la posibilidad de construir una movilidad más segura, inclusiva y humana. Defender una infraestructura ciclista continua y de calidad no responde únicamente a una agenda de movilidad; responde a una idea de ciudad y de sostener la sociedad. Una donde el espacio público vuelva a ser un lugar para encontrarnos, convivir y ejercer, en igualdad de condiciones, el derecho a la ciudad.
Volvemos porque creemos que cada persona que elige la bicicleta está haciendo mucho más que desplazarse. Está cuidando su salud y el medioambiente, habitando su barrio, fortaleciendo el espacio público y tejiendo, pedal a pedal, una ciudad más humana.
¡La ciudad nos espera! ¡Volvamos a encontrarnos!
Por Paula Correa
Editora General La Dolce Bici
