Dos siglos después, la bicicleta vuelve al corazón de la Alameda. Especial La Nueva Alameda, parte 1.

Antes de transformarse en una de las principales ciclovías del país, la Alameda fue un paseo peatonal, escenario de tranvías, automóviles y grandes transformaciones urbanas. En esta primera parte de nuestro especial recorremos dos siglos de historia para comprender por qué el regreso de la bicicleta al principal eje urbano de Santiago trasciende la construcción de una nueva infraestructura.


Transcurría 1820 y el por entonces Director Supremo de Chile, Bernardo O’Higgins Riquelme, decidió transformar la rústica e insalubre Cañada de San Francisco, un lecho seco que servía de basural, en un majestuoso paseo público bautizado inicialmente como Campo de la Libertad Civil y luego como Alameda de las Delicias. Esta detallada descripción corresponde a las Crónicas edilicias que Benjamín Vicuña Mackenna publicó durante su período como intendente de la ciudad de Santiago, entre 1872 y 1875. 

Quien fuera reconocido como el intelectual, político, historiador y urbanista más influyente del siglo XIX en Chile, describe que el diseño original de esa mega obra urbanística contemplaba “cuatro hileras de álamos que creaban un gran vacío central, acequias de agua limpia para refrescar el ambiente y escaños de ladrillo para el descanso de los paseantes”. Es tal la trascendencia que la Alameda tiene en el contexto urbanístico de la ciudad de Santiago, que para Mackenna esta avenida representa la frontera que separaba la “ciudad ilustrada” (actuales comunas de Ñuñoa y Providencia) de los arrabales del sur (actualmente la comuna de Estación Central). 

Otro hito relevante para la historia de la Alameda es la implementación de los llamados Carros de Sangre, tranvías tirados por caballos y que se inauguraron el 1857. El trazado inicial, conocido como Ramal de la Cañada, recorría la Alameda de las Delicias, uniendo el sector de Estación Central con la Universidad de Chile. Este sistema de tracción animal, relatan los textos de la época, fue el medio de transporte estándar que utilizaban los habitantes de la ciudad de Santiago, tuvo una vigencia de cuatro décadas y comenzó a ser reemplazado, de forma progresiva, por los tranvías eléctricos a partir de 1900.

Avenida Libertador Bernardo O’Higgins (Santiago, Chile) – Obras Ilustradas.
Año: 1862 / Colección: Biblioteca Nacional de Chile.
La ciudad se acelera, la bicicleta encuentra su lugar 


Sin embargo, la verdadera revolución tuvo lugar en la década de 1920 y 1930 con la llegada del transporte público, específicamente las micros urbanas. Un testigo clave de esta época fue Joaquín Edwards Bello (1887-1968), considerado uno de los más destacados escritores, novelistas y cronistas urbanos chilenos del siglo XX. En sus crónicas, compiladas en el libro Mitópolis (1966), Edwards Bello critica duramente el proceso de modernidad que estaba experimentando Santiago, específicamente su malestar estaba dirigido a cómo la necesidad de conectar la urbe destruyó el diseño original de Bernardo O’Higgins. 

Edwards Bello creía que la modernidad atenta contra el verdadero propósito de la Alameda de las Delicias: el de paseo peatonal, punto de encuentro y centro de conversación. El escritor describe que primero fueron los rieles de los tranvías que cortaron los prados y luego las calles asfaltadas para que los conductores de automóviles corrieran a velocidades absurdas, espantando, con ello, a los peatones que antes eran los reyes del paseo. 

En cuanto a los registros históricos de la bicicleta en el contexto de la Alameda de las Delicias estos son escasos y poco precisos, sin embargo, sí existen datos de la llegada de la bicicleta a Chile y que, Marcelo Mardones, Licenciado y Magíster en Historia y Doctor en Arquitectura y Estudios Urbanos, a quien La Dolce Bici entrevistó para su edición de septiembre de 2018, fecha a finales del siglo XIX en el marco de exposiciones comerciales e industriales (tipo FISA), que se realizaban durante esa época. 

“Por entonces se llevan a cabo una serie de exposiciones universales en las cuales países más desarrollados vienen y exhiben sus productos, algunas de estas muestras se desarrollan en la Quinta Normal, y según los registros históricos, es hacia la década de 1880 aproximadamente, que una fábrica francesa exhibe las primeras bicicletas que llegan a Santiago”, evidencia el historiador. El académico, además, agregó que a partir de la década del 20 y según diversos testimonios, la bicicleta está presente de forma relativamente importante en el país, ya sea por medio de asociaciones deportivas que ven en el ciclismo un fomento de la bicicleta, o porque se le utiliza como medio de transporte.

Inicio de la Nueva Ciclovía Alameda en Plaza Italia.
Un nuevo capítulo para la Alameda 


Todos estos datos históricos sirven de contexto para llegar a lo que es hoy, a la ciclovía Nueva Alameda, un proyecto urbanístico y de políticas públicas que se enmarca dentro del proyecto Nueva Alameda Providencia, trabajos que se iniciaron en febrero de 2025 y que contemplan una inversión total de ciento treinta y dos mil setecientos setenta y cuatro millones de pesos. 

Los actores involucrados en este proyecto son el Gobierno de Chile, por medio del Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU), el Ministerio de Obras Públicas (MOP), el Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones (MTT) y se suman las municipalidades de Providencia, Santiago, Estación Central y Lo Prado.

En cuanto a los componentes de este proyecto, establecidos en un período de tres años,  2023-2025, se contempla el rediseño de la Plaza Baquedano, con una inversión estimada de veintidós mil quinientos millones de pesos; la conservación y mejoramiento del espacio público del eje Alameda, con un costo de treintaitrés mil ochocientos veinticinco millones, la construcción de la Ciclovía Metropolitana y Conservación de la calzada del eje Alameda Providencia con un monto de ocho mil novecientos cuatro millones y el nudo Pajaritos (ajuste del actual nudo al nuevo perfil de la Alameda con la Ciclovía Metropolitana) con una inversión de cuarenta y nueve mil novecientos treinta y cinco millones de pesos. 

La Alameda tiene tal relevancia que trasciende lo geográfico. En la descripción del proyecto Nueva Alameda Providencia, publicada por el Gobierno de Santiago, se la define como “un espacio donde se cruzan las vidas de millones de personas, donde se expresan las identidades urbanas y donde se proyecta el futuro de una ciudad más inclusiva, diversa y sostenible”. No se trata sólo de una de las principales avenidas: es el eje que articula buena parte de la movilidad de Santiago, donde convergen la Línea 1 del Metro, recorridos del transporte público y miles de desplazamientos diarios. En ese escenario, incorporar una ciclovía no significa únicamente sumar infraestructura, sino también integrar la bicicleta a uno de los espacios más emblemáticos y estratégicos de la ciudad. 

Este es uno de los nuevos cruces peatonales que contempla el proyecto Nueva Alameda Providencia
y que conecta la calle San Isidro y Miraflores.

La relevancia de construir una ciclovía en este eje responde, precisamente, al rol que la Alameda ha tenido en el desarrollo de la capital. Para Ricardo Hurtubia, profesor asociado del Departamento de Ingeniería de Transporte y Logística de la Universidad Católica, se trata del principal eje estructurante de la ciudad, un corredor que concentra buena parte de los desplazamientos diarios. Además, indica, el proyecto no sólo considera infraestructura para ciclistas, también incorpora nuevos cruces peatonales en sectores donde antes no existían, favoreciendo una mayor permeabilidad urbana y espacios públicos más amables. Para Hurtubia, la presencia de ciclovías en la ciudad generan una especie de buffer entre los espacios peatonales y ayuda a calmar el tráfico, a reducir  el ruido vehicular y mejorar la convivencia entre los distintos modos de transporte.

En esa misma línea, Juan Carlos Muñoz, profesor titular del mismo departamento y ex ministro de Transportes y Telecomunicaciones, destaca que la principal virtud de la ciclovía Nueva Alameda no radica únicamente en su diseño, sino también en su ubicación. Que la bicicleta tenga un espacio propio en la principal avenida de Santiago entrega visibilidad a quienes se desplazan diariamente en ella y refuerza una forma de entender la movilidad donde peatones, ciclistas y transporte público ocupan un lugar prioritario. Para él la ciclovía Nueva Alameda es un claro ejemplo de lo que debe ser la pirámide invertida del transporte público, donde primero se ubican los no motorizados, luego el transporte público, más adelante la carga y, finalmente, los automóviles. 

Una ciudad pensada para las personas 


“En lo personal, considero que la ciclovía Nueva Alameda es vital, incluso yo diría que es una ruta de primera necesidad para las personas que nos movilizamos por Santiago en bicicleta”, evidencia Francisco Cortés, usuario de la ciclovía Nueva Alameda. “Yo vivo en Estación Central y tengo que llegar a mi trabajo que queda en Providencia, entonces la utilizo todos los días, a excepción de cuando me encuentro muy cansado o si está lloviendo y no tengo todos los implementos necesarios para poder movilizarse en bicicleta, sólo en esas situaciones me movilizo en transporte público, por sobre todo, en Metro. Por otra parte, en mis días libres la bicicleta es mi principal hobby, entonces la Alameda es la arteria principal por la que me conecto a Santiago a las distintas rutas”, remarca.

Marlene Gatica es usuaria de la ciclovía Nueva Alameda, quien utiliza esta ruta para movilizarse a su trabajo.

Marlene Gatica, también usuaria de la ciclovía Nueva Alameda, considera que este es un excelente proyecto y que, a su criterio, reúne los estándares de calidad que una ciclovía debe tener. “Esta ciclovía la utilizo una vez a la semana para movilizarme hasta mi trabajo que queda en la comuna de Renca. El resto del tiempo viajo hasta Lo Barnechea y ahí también utilizo otras ciclovías, por lo tanto, para mí, que mi opción de transporte es la bicicleta, el movilizarme por las ciclovías es ideal. En cuanto a la ciclovía Nueva Alameda, considero que está bien diseñada, que tiene un ancho adecuado, sobre todo para no chocar con otro ciclista al momento de adelantar, así es que me parece un excelente proyecto”

Un dato relevante de las ciclovías, analiza Ariel López, Ingeniero en transporte y urbanista, en entrevista con el diario El Desconcierto, es que hoy en días las ciclovías no se construyen para las personas que se movilizan en bicicleta, sino más bien para las personas que quieren andar en bicicleta en el futuro, pero que no se atreven porque las calles son muy peligrosas y no están las condiciones para movilizarse de forma segura. 

En cuanto a cuál es el lugar indicado para construir una ciclovía, el ingeniero advierte que no es precisamente sobre o al lado de la vereda. “Si se construye una ciclovía sobre una vereda, ¿dónde se van los peatones?, no se pueden ir a ninguna parte, entonces caminan por la ciclovía, que era su antigua vereda, pero caminan entre ciclistas que los pueden atropellar. Por el contrario, cuando se construye una ciclovía por la calzada, no por la vereda, se aleja a los ciclistas de los adultos mayores, de los niños, convirtiéndo ese espacio en una zona más segura y amable. Si se quiere mejorar la peatonalidad de los adultos mayores y de los niños, hay que diseñar ciclovías que estén en la calzada”, recomienda.  

La Nueva Alameda en cifras 


Según información que se publica en la página web del Gobierno de Chile, la ciclovía Nueva Alameda es una ruta de alto estándar y que en su proyecto original va desde Plaza Italia a Avenida Pajaritos, abarcando una extensión de 8 km y 48 cruces peatonales. 

Es importante señalar que, hasta el cierre de esta edición, el tramo tres de la ciclovía Nueva Alameda permanece suspendido. Las razones de esta decisión, sus implicancias para la movilidad y el recorrido por el tramo pendiente son abordados en la segunda parte de este Especial La Nueva Alameda: Una ciclovía inconclusa, una ciudad incompleta, disponible en la sección Convivencia Sobre Ruedas. 

Esta infraestructura, además, cuenta con ciclovías unidireccionales a ambos costados del bandejón central del eje Alameda, conecta con ocho ciclovías existentes y cinco proyectadas para consolidar, en total, 44 kilómetros de red. Así también, cuenta con segregadores, bicibox en intersecciones importantes, semaforización, demarcación y señalética. Por último, el proyecto busca fomentar el uso del transporte sustentable, proporcionando un espacio seguro y cómodo, con un diseño que incluye una segregación continua de cincuenta cm a dos metros y medio de ancho.

 Más que una nueva infraestructura, la ciclovía Nueva Alameda representa el capítulo más reciente de una historia que comenzó hace más de dos siglos. A lo largo de ese tiempo, la principal avenida de Santiago ha reflejado las distintas formas de entender la ciudad y la movilidad. Hoy, la bicicleta vuelve a ocupar un lugar protagónico en ese recorrido, recordándonos que la manera en que diseñamos el espacio público también expresa el tipo de ciudad que queremos construir. 

Uno de los principales propósitos que tiene este proyecto es que conecta con otras ciclovías y que con el tiempo se busca consolidar una red de 44 kilómetros de ciclovías interconectadas en el sector central y poniente de Santiago. En la fotografía, la ciclovía Nueva Alameda conecta con la ciclovía de Brasil.