Mientras prepara tres montajes teatrales simultáneamente y reflexiona sobre los recortes a la cultura, la actriz María Gracia Omegna cuenta por qué la bicicleta es parte esencial de su vida cotidiana y plantea un llamado simple, pero urgente: construir ciudades más seguras y respetuosas para quienes pedalean.
El punto de encuentro para la entrevista y sesión fotográfica de nuestra sección Yo amo mi bicicleta es el clásico Café California, una cafetería de barrio fundada en 1964 y ubicada en avenida Irarrázaval 1570, Ñuñoa. Tal como si se tratara de una escena cinematográfica María Gracia Omegna nos espera junto a una mesa mientras disfruta un café y la lectura de Microdramas, de la ensayista y psicoanalista chilena Constanza Michelson.
El currículum artístico de la actriz incluye actuaciones en producciones dramáticas como Dama y obrero (TVN), Papá a la deriva (Mega), Generación 98 (Mega), entre otras. También ha tenido destacadas actuaciones en series y largometrajes, como La vida de los peces (2010), del director Matías Bize; Joven y alocada (2012), de la directora Marialy Rivas; Ecos del desierto (2013), serie de televisión donde interpreta a la abogada y activista de derechos humanos Carmen Hertz y que fue dirigida por Andrés Wood.
En teatro, la actriz ha participado en Chaplin: luces de la ciudad (2012), bajo la dirección de Marco Espinoza; Las criadas (2014), obra dirigida por Rodrigo Soto; Mercury, la leyenda (2014), musical dirigido por Natalia Grez; Demonios (2015), del director Marcos Guzmán; Matar a Rómulo (2017), dirigida por Sebastián Jaña, entre otras producciones teatrales.
Actualmente prepara el monólogo Las cosas extraordinarias, del dramaturgo británico Duncan Macmillan, una obra que distintos intérpretes llevan a escena con versiones propias. Después del paso de Lucas Sáez, ahora será el turno de María Gracia Omegna y posteriormente de Max Salgado: “El monólogo aborda el suicidio, pero lo hace desde un lugar bastante amable. En cuanto a la trama, no se trata de una persona que intentó suicidarse, sino más bien de alguien que tuvo una relación familiar cercana al suicidio y cómo lo experimenta él o ella (dependiendo de la persona que interprete el rol), cómo intentó resolver eso desde pequeño, cuál era su perspectiva respecto al suicidio y cómo fue eso mutando en vida, específicamente en relación por qué cosas vale la pena vivir”.
Paralelo a Las cosas extraordinarias, la actriz además está preparando los ensayos El enemigo del pueblo, del dramaturgo noruego Henrik Ibsen, este montaje será dirigido por Alexandra Von Hummel y contará con la adaptación de Juan Pablo Troncoso. La actriz destaca que este trabajo se financia gracias a la Línea de Apoyo a Teatros Universitarios del Fondo Nacional de Fomento y Desarrollo de las Artes Escénicas y que este año se adjudicó la Universidad Finis Terrae y en cuya sala de teatro se exhibirá la obra.
A los ensayos y posterior montaje de esas dos obras, se suman también una participación en la Muestra Nacional de Dramaturgia, por lo tanto, recalca la actriz, el mes de julio será un mes de estar ensayando tres obras de teatro simultáneamente, “volví full al teatro y en eso estoy ahora”, señala destacando el ritmo y la fuerza que tiene una puesta en escena.
«Tengo cincuenta y cinco mil razones para amar mi bicicleta: porque me libera la cabeza, me mantiene haciendo ejercicio, me permite movilizarme dentro de la ciudad sin gastar nada, o sea, también es un ejercicio de economía. Me permite respirar, sentir el sol, el aire, todo».
Recortes en cultura
El gobierno de José Antonio Kast en cultura realizó un ajuste fiscal que significó una reducción de cincuenta y un mil setecientos cincuenta millones de pesos al presupuesto 2026 del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. La actriz cataloga esta decisión como una medida dolorosa.
“Creo que siempre ha costado mucho dialogar con la dignidad de la cultura en este país, es un camino muy difícil, o sea, postular y adjudicarse un fondo concursable es sumamente complejo, es engorroso. El proceso de postulación a un fondo concursable es muy extenso y los montos que entregan tampoco son muy altos, con toda la inversión que implica montar una obra de teatro, estamos hablando de sueldos que no superan el sueldo mínimo”.
Por lo general, advierte la actriz, en Chile siempre es difícil subsistir cultural y artísticamente, y si ya para el teatro es difícil, más aún lo es para otras disciplinas como la danza, las artes visuales, etc. “Como que de pronto había una luz de esperanza y una sociedad que comenzaba a abrir espacio para entender la cultura como una necesidad y no como un lujo o un ejercicio de élite y, de pronto, como que todo eso retrocedió, pero no sólo retrocedió la cultura, también lo hizo la salud, la educación, el transporte, la vida, todo”, observa.
La interrogante que se hace la actriz es para qué sirve un Estado sin deuda y tan ordenado, si finalmente la calidad de vida de las personas disminuye. “¿Cuál es la prioridad ahí?, me llama mucho la atención, y dentro de eso la cultura es siempre la primera que cae, como que nosotros ya estamos acostumbrados, pero me parece que hoy en día no es sólo un recorte de temas culturales, sino que también es un tema profundo de cómo llegar a fin de mes, como de la dignidad de la vida”, reflexiona.

Además de la actuación, otra de las pasiones de la actriz es la bicicleta, es por ello que para la edición de julio la invitamos a ser protagonista de nuestra sección Yo amo mi bicicleta, esto fue lo que nos respondió:
− Yo amo mi bicicleta porque…
− Tengo cincuenta y cinco mil razones para amar mi bicicleta: porque me libera la cabeza, me mantiene haciendo ejercicio, me permite movilizarme dentro de la ciudad sin gastar nada, o sea, también es un ejercicio de economía. Me permite respirar, sentir el sol, el aire, todo.
− Mi destino favorito en bicicleta es…
− Para poder llegar a los lugares que tengo que llegar durante el día, utilizo la bicicleta fundamentalmente para poder movilizarme dentro de la ciudad.
− Un lugar en el mundo al que pudiese llegar con mi bicicleta sería…
−Un lugar en el mundo al que me gustaría llegar y poder ahorrar para eso sería Asia, en compañía de mi hija. Siempre que viajo echo de menos mi bicicleta porque no hay nada mejor que recorrer ciudades nuevas arriba de una bicicleta o caminando, obviamente, pero en bicicleta uno puede abarcar más y perderse en las callecitas para después volver.
Cada vez que he hecho esa aventura la he disfrutado mucho y mi hija todavía más. Entonces me encantaría irme a Asia por dos meses, tener una bicicleta portátil para mí y mi hija y que podamos bajarnos, armar nuestras bicicletas y recorrer la ciudad así, sin fin.
− Si tu bicicleta fuese tu coprotagonista en una obra de teatro, teleserie o película, ¿de qué se trataría la trama?
− Yo creo que sería como una especie de documental, me gustaría hacer una travesía que no he hecho nunca en bicicleta. Por lo general utilizo la bicicleta para movilizarme en la ciudad, de repente subo el cerro San Cristóbal, pero me gustaría darle yo el protagonismo a ella, ser yo su coprotagonista y hacer una aventura como no sé, cómo recorrer algún país o dar vuelta por alrededor de un lago, qué se yo.
− Como auténtica bici lover ¿qué le hace falta a la ciudad para incentivar más el uso de la bicicleta?
− Creo que la ciudad ha avanzado bastante en relación a las ciclovías, pero todavía le hace falta un montón. Las ciclovías, para quienes se movilizan en bicicleta o las observan desde sus autos, por lo general no son contínuas, están interrumpidas, a veces son muy angostas, o no están bien pavimentadas.
Entonces el ciclista es como una persona que no tiene, como un paria dentro de la calle, porque si están en la calle, corren el riesgo de muerte, si están en la vereda, porque se cortó la ciclovía en ese tramo, el peatón se molesta o agrede porque no corresponde, uno lo entiende, pero finalmente uno también quiere primar por su seguridad y no está la ciudad completamente adaptada para brindar esa seguridad a los ciclistas, no te lo permite. Por lo tanto, invito a todo el mundo a hacer un ejercicio de tolerancia, a ciclistas y no ciclistas, conductores, a entender que todavía la ciudad no está en las condiciones óptimas para poder movilizarnos de manera respetuosa.
Después de hablar de teatro, cultura y ciudad, las respuestas de María Gracia Omegna vuelven siempre al mismo lugar: la experiencia cotidiana. Para ella, la bicicleta es una forma concreta de habitar Santiago, de desplazarse con mayor libertad, de cuidar el cuerpo y despejar la mente. Quizás por eso su invitación a construir una ciudad más amable para quienes pedalean suena menos a consigna y más a una experiencia vivida.
Mientras se prepara para un intenso segundo semestre sobre los escenarios, la actriz seguirá recorriendo las calles sobre dos ruedas. Porque, al final, entre ensayo y ensayo, la bicicleta continúa siendo ese pequeño espacio de libertad que la acompaña todos los días.









